Alí, El Más Grande

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En el ring fue el mejor, fuera del cuadrilátero, el más influyente en la sociedad. Simplemente fue El Más Grande de la historia. Así se puede resumir la vida de Muhammad Alí, un hombre que rebasó la barrera del deporte para penetrar en la sociedad que vivía uno de los momentos más críticos no sólo en los Estados Unidos sino en el mundo entero.

 

 

Ali fue un hombre dotado de cualidades para la práctica del boxeo. Un peleador que tenía características que lo llevaron a ser el más grande de todos los tiempos. El estilo para boxear lo colocaba en ese nicho donde pocos han llegado. Un hombre con una gran movilidad, rapidez, y clase al boxear que pocas veces se ve en la división de los pesos completos. Ali pudo enfrentar a los mejores de sus peso y los venció, fue un hombre que dominó su deporte como pocos lo ha podido hacer, fue alguien que no sólo hablaba fuera del ring sino que también lo hacía arriba del encordado.

 

Pocos pueden ser los deportistas que trascienden por generaciones en su disciplina, pero sólo los más grandes son los que impacten en la sociedad. Alí lo hizo en un momento donde se vivía mucha tensión a nivel mundial.

 

Eran finales de los años 60 cuando Ali estaba en su máximo esplendor, pues era Campeón del Mundo, pero al mismo tiempo en la calles de los Estados Unidos se vivía una batalla entre razas. Ali logró ser la bandera de toda esa comunidad que se veía discriminada y segregada, se convirtió en el hombre que alzaba la voz para retar a sus adversarios en el ring, así como para gritarle al mundo de la injusticia que vivan sus hermanos de raza negra. Usaba sus puños para destronar a sus rivales en el ring y para conquistar a una sociedad a través de sus victorias.

 

El momento más crítico se presentó cuando se negó ir a la guerra. Alí había firmado su sentencia con una sociedad que no perdona a quién no quiera salir a defender a su país. Pero en esa negación encontramos la afirmación a la forma de pensar de un hombre que en el futuro se convertía en todo un estandarte y una leyenda. Alí dejó en claro que la lucha más fuertes a la que tenía que vencer no se encontraban en un ring o en Vietnam sino en las calles de su país con la discriminación y segregación que se vivía en ese momento.

Después de su castigo y suspensión, Mohammad Alí demostró lo grande que era y recuperó su cetro que había perdido por las mentes cerradas y nefastas de la época. El Más Grande estaba de vuelta y reinó en los pesos completos como lo había hecho a finales de la década de los 60.

 

Esa lucha tuvo muchas recompensas, tuvo muchos momentos de gloria, pero quizás uno de los más grande se presentó en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. En el centenario de los Juegos Olímpicos de la era moderna. Mohammad Alí se encargó de encender el pebetero. No fue el encendido más espectacular, pero fue el más emotivo y el más significativo. Fue el claro mensaje de que El Más Grande atleta en el mundo sin tener la movilidad de antes, ni la fuerza y control en sus puños, así como aliento para alzar la voz podía con su simple presencia mandar un mensaje de paz, igualdad y hermandad al mundo entero.

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